ROA, EL BALCÓN DEL DUERO
La Villa de Roa está situada al suroeste de la provincia, a 80 kilómetros de la capital burgalesa, enclavada en un cerro de 820 metros de altitud a orillas del río Duero.
Desde hace más de 2500 años, este lugar ha sido elegido por diversas civilizaciones que se instalaron en el cerro. Los primeros pobladores formaban un colectivo conocido como “Soto de Medinilla”, con presencia en casi toda la cuenca del Duero. En la Segunda Edad del Hierro se produce el mayor desarrollo en la Villa, con la llegada de los Vacceos a Roa que la convertirán en una magnífica ciudad. Esta época de esplendor verá su fin con la villa incendiada por los romanos en el 76 a.C. Durante el dominio romano, el geógrafo Ptolomeo la bautiza como Rauda.
Desde su reconquista en el año 912 pasa a formar parte de la frontera natural entre el reino musulmán y el cristiano. Ya en plena Edad Media destacan la concesión del Fuero de Roa en 1143, las ordenanzas sobre construcción de las murallas y sobre la vendimia de Doña Violante en 1295, viuda de Alfonso X “El Sabio”, las numerosas estancias del rey Juan II o el mercado de los martes, concedido por Enrique IV en 1465, mandato que se sigue cumpliendo cada semana.
Numerosos personajes han quedado unidos a la historia raudense, destacando Doña Violante, el Cardenal Cisneros que, años antes de su fallecimiento en Roa en noviembre de 1517, dedicó a la Villa varios versos y Juan Martín Díez "El Empecinado".
El 9 de agosto de 1809 las guerrillas de Jerónimo Merino Cob “El Cura Merino” y Juan Martín Díez “El Empecinado”, toman al asalto la Villa de Roa, quemando las puertas de las murallas. Los franceses huyen, pero volverán a ocuparla hasta 1813. El 14 y 15 de abril de 1813, “El Cura Merino” comandante militar de Burgos, echa a los franceses definitivamente de Roa, quienes le persiguen hasta Olmedillo.
El 19 de agosto de 1825 fue ajusticiado en la plaza del pueblo Juan Martín “El Empecinado” por orden de Fernando VII. El Empecinado había llegado hasta Roa tras ser apresado en Olmos de Peñafiel y conducido a la Villa de Roa, por ser cabeza del partido judicial de la época y disfrutar de fueros. Pero los absolutistas no respetaron el derecho de asilo. Torturado y humillado públicamente, consiguió romper las cadenas que lo apresaban en un último intento de acogerse al asilo que ofrecía la Colegiata, sin poder lograrlo.
Siglos de historia con el río Duero como compañero de viaje. Siempre en eterna vigilancia de sus fértiles vegas donde destaca el vino Ribera del Duero como embajador de nuestra cultura. La Sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen está ubicada en la localidad. Estos caldos son un perfecto complemento para la variada gastronomía ribereña.
Desde El Balcón del Duero les invitamos a descubrir el CORAZÓN DE LA RIBERA.

Fotografía: Antonio Pedreño
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